Ya lleva más de 30 documentales en su haber y los largometrajes empiezan a engrosar su lista.

Alejandro Arroz se encuentra ultimando detalles para presentar Pallca, una película con la que se introduce en Nazareno, un pueblito de allá lejos hasta donde hace poco no había luz. Muchos lo incluyen dentro de un cine documental basado en los pueblos originarios, pero Alejandro explica que él quiere contar historias y que la búsqueda de identidad le provocó esta inclinación no intencional.

¿Cómo te relacionaste con el cine?

Había empezado una carrera artística pero en el mundo de la música y descubrí que eso no era. Siempre fui muy cinéfilo, desde niño, y no reconozco cuándo fue el momento que dije:- “quiero estudiar cine”.

Yo creo que tiene que ver con esto de ir al Hogar Escuela todos los sábados, y los domingos me vestía de traje para ir a los cines del centro. Para mí era como una religión, desde los 7, 8 años. Eso se mantuvo durante mucho tiempo y en un momento dado conocí el Cine Arte de Ricardo Castro, me hice amigo de él, y vi una película de Bergman, “El Séptimo Sello”, ahí me di cuenta que el cine podía ser otra cosa que lo que se veía de entretenimiento.

Comencé a descubrir qué era lo que me gustaba, antes de recibirme me contrataron para hacer un clip de tango de Estados Unidos, “Corazón de Tango”, con el que ganamos una medalla de oro en un festival de Yugoslavia. Y haciendo ese corto me lo presentaron a Miguel Pereira.

Él venía a hacer los trámites para filmar “La Deuda Interna”.Nos conocimos y lo contraté como técnico, así lo conocí. Obviamente, en esos cuatro o cinco días de rodaje nos hicimos muy amigos, volvió a Inglaterra y al año, antes de que yo egrese, me propone fundar la cooperativa.

Todo esto era en Buenos Aires. Si, y estamos hablando del año 85, Miguel me dice que los trámites con el INCAA estaban avanzados, que era muy posible que tengamos el dineropara hacer “La Deuda Interna” y me subo inmediatamente al proyecto. Antes de recibirme tuve la posibilidad de hacer una película en 35 milímetros que, entre otros premios, ganó el Oso de Plata del Festival de

cine de Berlín. Eso le dio un reconocimiento inmenso a Miguel y a la cooperativa.

Paradójicamente, las consecuencias de eso fueron un reto de mis docentes que me decían: “cómo te vas a hacer una película sin terminar de estudiar”. Y Yo decía “El cine se aprende haciendo”.

“La Deuda Interna” cosechó muchísimos premios, al año termino de estudiar cine y después continuo con Miguel haciendootro film, con la cooperativa ya formada, fue “La última siembra”, con una coproducción internacional muy importante.

De los egresados de mi promoción, que éramos 6, sólo dos continuamos. Ahora hay 15.000 estudiantes en Buenos Aires. Hay más estudiantes de cine en Buenos Aires que en toda la Comunidad Económica Europea junta. Impresionante eso.

¿Cuál es la diferencia con la actualidad? ¿Es más fácil ahora?

Tremendamente. Si bien a nosotros nos había ido bien con las coproducciones internacionales, en la Argentina casi no se podía filmar. No había una cuota de pantalla, el apoyo estatal era muy discrecional porque la ley de cine existía pero no estaba reglamentada. Recién en el 94 se logra que la ley entre en funcionamiento y, a partir de ese momento, el fomento a la producción cinematográfica fue en un crecimiento asombroso hasta el día de la fecha.

¿La gente consume el cine argentino?

Totalmente. En televisión y en salas. En Cannes se realiza una feria de televisión y de audiovisual muy grande. Estuvo “Historias de la orilla” ahí, y nuestro país se ubicaba cuarto en ventas en el mundo. Y este año, cuando se hizo la feria en Estados Unidos, Argentina pasó a ser el tercer país exportador de material audiovisual en el mundo después de Estados Unidos y Holanda.

Eso tiene que ver con otra ley, que es la Ley de Medios. Fo­menta la producción nacional. Hasta hace 5 años la produc­ción televisiva estaba en manos de 4 firmas. Ahora más de 200 productoras argentinas están creando contenidos. Hay con­cursos nacionales y eso hizo que le mapa de producción au­diovisual argentino sea inmen­so.

Yo gané para hacer “Los Vilca Condorí” y los fondos los con­siguió la Secretaría de Cultura de la Nación de la Organiza­ción de Estados Iberoameri­canos (OEI) para la cultura y las artes. Eso antes no existía, que organismos internacionales es­tén produciendo televisión en Argentina, y todo material de exportación.

Por ejemplo, el Fondo de Fo­mento para el Cine sale del 10 % que cada espectador paga por una entrada oficial y eso es muy importante destacar por­que mucha gente no sabe.

¿De cualquier entrada de cine o solamente de cine ar­gentino?

De cualquier entrada, por eso a nosotros nos encanta cuando le va bien a “El Señor de los anillos” y a “Harry Po­tter”, porque ahí se va hacien­do el fondo de fomento Es tan grande con ese 10% de las en­tradas que hay un tope para el Instituto de Cine y lo otro va al Ministerio de Economía de la Nación.

¿Se puede vivir del cine?

Yo lo hago desde el año 94.

¿Eso tiene siempre que ver con recibir subsidios o parti­cipar en concursos?

Yo todo lo gané en concursos públicos y nacionales, todas mis películas se hicieron con concursos públicos, luego gané licitaciones de obras. Pero, por otro lado, yo tengo una produc­tora en donde también hago publicidad, campañas institu­cionales, campañas políticas. También enseño cine desde el año 2000.

¿Cómo ves a Salta a nivel audiovisual?

Se está destacando en el país en este momento. Vamos a ha­cer una muestra auspiciada por la Secretaría de Cultura de la Nación en la Villa 21, en Buenos Aires, de material audiovisual salteño. En este momento se da un caso que no ocurre en nin­gún lado del interior, y es que hay tres largometrajes de estre­no internacional producidos en Salta y por salteños. Estoy ha­blando de Deshora de Bárbara Dhai, de Nosilatiaj, La Belleza de Daniela Seggiaro y Pallca, que es la mía, que voy a estre­nar en agosto.

¿Qué tipo de cine hacés?

No sé la verdad, tendríamos que preguntarle a un crítico.

Pero algún objetivo debés tener

Coincido con muchos cineas­tas que te van a decir lo mismo: contar historias. Realmente me interesa contar historias y al­guna búsqueda personal de identidad me llevó a hacer tan­tos documentales de pueblos originarios, un periodista hace poquito me decía “vos tenés una obsesión con los pueblos ori­ginarios”. No, los pueblos origi­narios tienen todavía tema para 30 años más. Yo creo que es una búsqueda, una búsqueda per­sonal, que es lo que por ahí a mí me motiva a meterme un pro­yecto 5, 6, 7, 8,9 años a veces.

Fuente: Revista Encultura N° 14

[signoff predefined=”Signoff 1″ icon=”brush”]Texto: Luciana Cassina – Foto: Ornella de Petris[/signoff]

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