DOS VIEJOS MAÑOSOS


Fernando y Claudia son los fundadores de una compañía de títeres llamada La Faranda. Ellos fueron los responsables de sorprendernos con cada una de sus puestas y de hacernos ver que cuando hay ingenio y dedicación, se puede dejar con la boca abierta a cualquiera.

(Nota: Texto extraído de Revista Encultura – Año 2014)

En la casa que él construyó con sus propias manos y con ayuda de algunas herramientas, ella puso orden y número a cada pertenencia. Se casaron hace poco más de un año pero están juntos hace mucho más tiempo.

Ambos son actores y la llegada de los títeres a su vida terminó siendo una consecuencia más que una causa de. Es increíble lo que se puede hacer con imaginación y eso es algo que a ellos no les falta.

Fernando, además de actor es herrero y lo caracteriza una personalidad muy inquieta, no sólo levantó la estructura metálica del lugar en el que viven, también crea dispositivos en pos del confort: un sistema que permite subir y bajar el televisor de un piso a otro a través de un contrapeso es el chiche de la casa.

Los  textos con indicaciones y la disposición de cada cosa en un lugar específico es lo que define a Claudia. Al lado del calefón hay un cartel que explica cómo prenderlo y apagarlo, en el taller son más de 60  las cajas numeradas meticulosamente, en ella encontrás todas las cosas que se te pueda ocurrir que puedan llegar a usar para armar los títeres, en la cocina un pizarrón tiene la lista de lo que hace falta comprar en el súper.

Después de recorrer cada uno de los rincones de lugar, Fernando empieza a abrir baúles para mostrar los títeres y sus mecanismos. Sobre un retablo reposan los muñecos más nuevos, son los personajes de Línea materna, una obra estrenada hace poco y nos describen las particularidades de estos muñecos.

Aparecen Fedro y el Dragón en dos tamaños diferentes: uno para grandes espacios y la versión pequeña para llevarlos a los colegios. A la princesa se le mueven las pestañas, a la bestia las alas. Todos tienen algún detalle que define su personalidad y lo destaca en escena. Fernando se encarga de construir los mecanismos que le dan vida y expresión a cada uno de los personajes.

La obra más conocida de La Faranda es Nao. Con ella demostraron una vez más hasta dónde se pueden llegar. Cuando uno se sienta a disfrutar de la puesta no puede creer que sólo dos personas sean las responsables de tal despliegue en escena. Un barco que se mueve constantemente, juego de luces que permiten ambientar la situación, sonido, argumento y aparición de diferentes personajes, todo mientras el público está hipnotizado con una historia tan bien contada que los cambios pasan desapercibidos.

El trabajo de dramaturgia también es impecable, el secreto se esconde en los meses de estudio que requiere y de esa tarea se ocupa Claudia. Para cada obra se realiza una investigación histórica, no se trata sólo de contar un cuento sino también de aprender. Ella no deja de sorprenderse con los descubrimientos a los que llega. Con Nao apareció toda una realidad detrás de esa lejana historia que escuchamos en la escuela sobre Colón. Hasta ahora nadie había hablado de esta manera sobre los marineros que se embarcaban hacia la nada, bajo condiciones deplorables y sin la certeza de volver a pisar tierra.

Si tuviéramos que definir lo que se hace desde La Faranda con una sola palabra, esa sería desafío. Nunca siguieron el camino fácil, no les gusta, les parece aburrido, hasta desidioso. Es esto lo que nos da garantía de la profesionalidad con la que trabajan.

Aunque existen otras posibilidades de ingresos económicos tales como la docencia, Claudia y Fernando decidieron vivir sólo de la venta de entradas. Ella hace el trabajo de gestión y relaciones públicas para generar funciones, todos los años visitan colegios ofreciendo diferentes puestas en escena que llevan a cabo entre festival y festival.

Decidieron no dar talleres de títeres, para ellos es importante enseñar las técnicas de trabajo a quienes tengan verdadera intención de darle continuidad a la actividad y que no sea un mero pasatiempo. De allí se desprende Línea Materna, obra dirigida por ellos pero interpretada por Carolina Sató y Sofía Lajad, dos intrépidas jóvenes que decidieron sumarse al grupo.

Tienen una camioneta en la que van y vienen, con bastante espacio para poder llevar sus títeres a cualquier lugar. Uno piensa que los años no vienen solos y queda sorprendido de la energía que tienen adentro. Estos dos viejos mañosos solo dan cuenta de su edad por algunas canas que se asoman entre sus pelos.

Texto: Luciana Cassina

 

 

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