EL DESEO IRREFRENABLE DE AMAR



Con un sólo intervalo  de diez minutos  y un promedio de tres horas sobre el escenario  anoche se presentó “Drácula” en el Teatro del Huerto.

Unas treinta personas, entre actores, sonidistas, iluminadores y esos ayudantes que  no suelen salir para los aplausos,  forman parte de la producción que pudo verse en escena ayer y que se repone nuevamente esta noche.

Un musical con todos los matices, y con una cantidad de vestuarios del que ni llegamos a llevar la cuenta. Un juego de luces que  por momentos apunta al público y lo convierte en parte de la escena . Una obra que retoma un clásico lo hace viajar fuera de sus fronteras.

La sangre es sólo un me y dio, un símbolo de lo que está en juego. Lo prohibido, lo que no debe hacerse, el tabú, que no es otra cosa más que dejarse llevar por el deseo.

Ante el deseo, que resulta irrefrenable para algunos, se interpone el amor. Amor y deseo, si no están complementados , resultan peligrosos.

Drácula, puro deseo, guarda en algún lugar profundo de su ser, aquello a lo que todos llamamos amor. ¿Qué dominará su ser? ¿Se volverá vulnerable  y caerá en la redes del amor para entregarse por completo o seguirá siendo puro deseo, obligando a los demás  a convertirse en presas de sus caprichos. En el fondo el ruega que ganen sus deseos irrefrenables de amar.

Hoy a las 21 en Teatro el Huerto.

 

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