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18 junio, 2024
Encultura

El mundo es de los que se animan a perder el equilibrio

A todas personas les llega ese momento de la vida en el que tienen que frenar, mirar hacia atrás, mirar hacía los costados y mirar lo que tiene en frente, necesita mirarse al espejo…y encontrarse.

Y pasa que quizás te mirás al espejo y no te reconocés del todo, hay una persona, sos vos, pero no sos vos del todo. Tal vez, algo de esto fue lo que llevó a Mauricio Dayub a escribir junto a Patricio Abad y Mariano Saba una obra que en la que habla de su vida.

Mauricio venía de 2753 funciones de “Toc Toc”, y tenía la necesidad de hacer otra cosa. Quería poner en escena algo que lo representara, necesitaba resignificarse, redignificarse y así surgió “El Equilibrista”.

La sinopsis dice muy poco de lo que realmente sucede en la obra y tiene un porqué, y ese porqué nos llevó a hablar con su protagonista para que nos diera algunos detalles sobre lo que vamos a ver en escena el domingo 9 de julio a las 20 en el Teatro Provincial.

¿De qué se trata El Equilibrista?

El corazón de la historia del equilibrista es un secreto que se me reveló en un viaje hace 25 años yendo a filmar una película a Yugoslavia, como llovía me dieron dos días libres y fui al pueblo donde habían nacido mi madre y mi abuela, un lugar donde mi abuela me había dicho que no quedaban familiares y del que no recordaba la dirección. Fui igual, con el recuerdo de mi madre, a la callecita que ella nombraba, donde había estado hasta los cinco años, era la calle del campanile, porque había una torre con un reloj en la parte superior, que tocaba una campana. Recorriendo esas calles encontré la razón de porqué hacía cincuenta y cinco años mi abuela ni volvía, ni escribía.

A partir de ahí, el relato del equilibrista es un relato donde aparecen todos los personajes de mi familia, aparezco yo cuando era adolescente, mis tíos y mis abuelos. Es un espectáculo muy divertido, al mismo tiempo muy conmovedor.

¿Qué repercusiones tuvo?

Es un espectáculo que acá en Buenos Aires ganó todos los premios, Premio Ace de Oro, Premio Estrella de Mar, Premio Konex como mejor unipersonal de la década. Llevamos entre 800 y 900 funciones hechas, estuvimos en Madrid, Uruguay e Israel.

Tiene un recorrido muy grande, empezó en mi sala, una sala de 200 localidades, y hoy lo hago en una sala de 1000. Todavía no encontró su techo, llegué a hacerlo en dos teatro al mismo tiempo acá en Buenos Aires. Lo hacía en mi sala lunes y martes, y en el Maipo viernes, sábado y domingo. A sala llena en los dos lugares.

¿Por qué esta obra tan personal la escribiste con otras dos personas?

La escribí con Patricio Abad y Mariano Saba, dos autores que a mí me gustaban mucho. Los elegí porque escribían muy bien micromonólogos. Había decidido que el teatro que yo quería hacer era uno en el que ni se diga, ni se cuente, ni se muestre, sino que haga imaginar al espectador. Entendí que con esos dos autores iba a poder construir esta historia, y la verdad que lo logramos, sumándole a la obra un director que hoy es un referente en el teatro de mundo, que es César Brie. Se armó con él una sinergia muy importante porque me permitió desarrollar esto que yo quería, de no contar, de no decir y de homenajear un poco a esos actores que yo admiraba cuando inicié como Chaplin, como Buster Keaton, que eran capaces de hacer todo.

Sin contar demasiado ¿qué pasa en el escenario?

Es difícil relatarlo, hay que verlo. Para esta obra aprendí a manejar objetos, aprendí a tocar el acordeón, instrumento que tocaba mi abuelo en su ciudad natal, aprendí a hacer slackline y puedo hacer equilibrio por encima de la cabeza de los espectadores. Es un espectáculo muy completo.

La gente se sorprende por cómo está realizado, los cambios de vestuario se hacen a la vista del público, con trucos de magia. En el escenario soy vestidor, maquinista, iluminador, músico , hago todo los roles a la vista del público, manipulo la escenografía y manipulo objetos.

¿Cuál es el hilo conductor que une a todos los personajes?

El espectáculo empieza con una frase de mi abuelo que decía que el mundo era de los que se animaban a perder el equilibrio. Y mi abuela decía que tenemos muchas cajitas, pero somos las que elegimos abrir.

Es un relato sobre mi familia, voy contando quién era mi padre, quiénes eran mis tíos, quién era mi abuela, quién era mi madre, y así voy arribando al secreto que se relevó en aquel viaje.

¿Qué  sensaciones experimentan quienes ven esta obra?

La obra produce en el público algo que yo quería producir en mí, hice el espectáculo después 2753 funciones de “Toc Toc” y todos me preguntaban qué iba a hacer después. Decidí hacer el espectáculo que más me representara.

Necesita resignificar mi vida, necesitaba redignificar mi vida. Y lo más extraordinario es que lo que le pasa al público cuando termina de ver el espectáculo es eso, la conmoción que recibe por lo que produce, logra que salgan del teatro en búsqueda de lo que realmente importa y no de todas las cosas que nos impone el mercado todos los días.

El espectáculo habla de la juventud, de la finitud de la vida, va en busca de esos valores que no cotizan en el mercado pero que son los que evidentemente yo necesitaba poner en escena y que había muchísima gente a la que le pasaba lo mismo. Logré hacer un espectáculo que divierte pero que al mismo tiempo conmociona muy fuertemente.

¿Y pudiste redignificar y resignificar tu vida con de El equilibrista?

Absolutamente, no me cambio por nadie.

Y si Mauricio Dayub no se cambia por nadie, significa que se miró al espejo y se encontró.

Podés comprar las entradas en www.saltaticket.gob.ar o en la boletería del teatro.

Nota al pie: “El equilibrista” es un teatro con garantía, porque si de verdad no te llega a gustar la obra, su protagonista te espera en el hall del teatro y te devuelve el dinero de las entradas.

TEXTO: LUCIANA CASSINA

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